En esa época la mayor parte de los habitantes de Buenos Aires eran hombres solos. Forasteros llenos de nostalgia. En las noches se juntaban en las esquinas a contarse historias que siempre hablaban de mujeres lejanas y añoradas. Estas historias unidas a las notas de las guitarras criollas, van dando lugar a un rito, a un hechizo EL TANGO.